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TIEMPO LIBRE ¿Para qué?

Primero, hay que tener en cuenta que el ocio y el tiempo libre, por su propia naturaleza, posee tal relevancia individual y social, que, en muchas ocasiones, no se reconoce debido, principalmente, a la velocidad vertiginosa con la que transcurren nuestros días. De esta manera, la mayor parte del tiempo, no somos conscientes de la gran importancia que deberíamos otorgar al ocio, un elemento que está incorporado en nuestras vidas desde que nacemos, es más, desde el principio de la historia, de hecho, ¿existiría el conocimiento científico si no hubiésemos tenido curiosidad y tiempo libre para desarrollarlo? Humildemente, creo que no.

El ocio puede entenderse desde una perspectiva económica y capitalista que, al fin y al cabo, solo pretende generar necesidades y, a través de bienes y servicios de consumo, un beneficio económico para el empresario de turno, entonces, estaríamos “desaprovechando” nuestro tiempo libre y, en algún sentido, trabajando de manera gratuita. Es más, aunque en muchas ocasiones denominamos a la sociedad de hoy en día como “sociedad de consumo” o “sociedad de ocio”, ¿es este ocio completamente libre? O, por el contrario, ¿la forma de usar nuestro tiempo libre y convertirlo en ocio está determinada absolutamente por la oferta económica?

Personalmente, entiendo que el tiempo libre es relevante debido a que, cada individuo, tiene la opción de ocuparlo en las actividades que a cada uno le ayuden a formarse como persona y que, en el ámbito de la educación informal, el ocio puede llegar a actuar como un freno preventivo de algunas de las conductas desviadas de nuestra sociedad, por ejemplo, la drogodependencia, el excesivo sedentarismo e incluso la exclusión social o los problemas psicológicos. Por lo tanto, podríamos entender que el reclamo del tiempo libre y de la utilización del ocio es una reivindicación más, pero en este caso, protagonista en todas las clases sociales, para todos los géneros y todas las edades.

Además, creo que no es difícil establecer la relación entre la utilización del ocio y del tiempo libre con el estilo de vida y, por lo tanto, con la calidad de vida de cada uno, por ello, qué mejor propuesta que apostar por una mejora, tanto cualitativa como cuantitativa, de lo que se nos ofrece diariamente como ocio, que, como he comentado antes, la mayor parte del tiempo no es más que una oferta capitalista, es decir, sesgada en aquellos ámbitos que, inequívocamente, producen beneficio económico. Ahora bien, en mi opinión, deberíamos exigir un ocio que nos proporcionase las experiencias que verdaderamente buscamos y no aquellas que nos quieren imponer.

Por una parte, estamos entendiendo el ocio como un gusto determinado por nuestras actitudes o nuestras conductas, pero, por otra parte, el ocio también es un fenómeno social. De esta manera, tiene importancia el qué, es decir, las actividades concretas que se realizan en el tiempo libre, pero, además, también es relevante el cómo, o sea, la forma en la que cada uno utiliza su tiempo libre y el por qué, cumplir una función fisiológica, psicológica, social, etc. Entonces, si fuésemos capaces de entender el ocio de esta manera, probablemente, este dejaría de funcionar únicamente a través del valor del mercado.

Por ello, creo que el ocio y el tiempo libre tienen una dimensión histórica clara, es decir, que dependen en buena parte del contexto histórico que incluye el momento y el lugar (social, económico, político, cultural y también individual o familiar). Además, este fenómeno se puede definir tanto objetiva como subjetivamente y, con ello, se puede entender que el tiempo libre puede ser funcional, es decir, usado como una herramienta a través de la cual se pueden modificar las situaciones de base si es que estas son perjudiciales, pero también puede entenderse como anti utilitario, o sea, como un fin en sí mismo que no necesita cumplir ninguna función para justificarse ni para legitimarse.

En conclusión, creo que las instituciones y/o asociaciones sin ánimo de lucro deben tener presente la anterior distinción y no descartar ninguna de las dos en la programación de sus actividades. Primero, la utilización del tiempo libre como un elemento que ya posee por sí mismo un fin es relevante porque puede traducirse en que cada uno de nosotros somos importantes simplemente por el hecho de ser. Asimismo, teniendo en cuenta que muchas veces nos dedicamos a contextos con determinadas peculiaridades, deberíamos ser capaces de promover un ocio que medie contra las adversidades de su propio contexto, al fin, ¿no es verdad que poseemos las técnicas adecuadas para fomentar una imaginación creativa y una conciencia crítica?

 

Andrea Gómez Pedraza